Cazadores de Noticias: para vernos desde la historia


Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia.

Aldous Huxley  (1894-1963) Novelista, ensayista y poeta inglés

Está lejos de ser un libro de historia en el sentido tradicional. 

En “Cazadores de noticias. Doscientos años en la vida cotidiana de los periodistas, 1918-2018” (Ariel, 2018), Fernando J. Ruiz recorre el papel de los comunicadores desde las épocas en que la prensa escrita tenía el monopolio de la información, pasa por la radio y la televisión y nos deposita en la era digital.

Disponible en Rubén Libros, Deán Funes 163 Locales 1 y 2 – Córdoba

Los cambios en cada etapa son claramente marcados. Pero se profundizan de manera increible cuando sobre el final la parte final de la obra toma los relatos de colegas para trazar un cuadro descarnado de una nueva realidad, impensada hasta quizá una década atrás.

Las tensiones en las redacciones como producto de procesos de convergencia entre las viejas plataformas y las que van emergiendo de manera constante, provocan provocan una caída en la estima del trabajo periodístico.

La liviandad de la información, en busca de clics rápidos y baratos, terminó por degradar a la profesión y, por ende, a los medios en los que ella se desarrolla.

Esto se agrava en un contexto de lo que Ruiz define como “posguerra mediática”, con la grieta política instalada en el corazón de las instituciones comunicacionales.

Hay, desde luego, responsabilidades de editores y periodistas respecto de la velocidad con la que deben asumirse los cambios. Pero lo cierto es que la dinámica a la que se conduce el proceso informativo menoscaba sensiblemente un valor que se acendró a lo largo de décadas en las redacciones: el debate.

Porque, en definitiva, los medios se construyen como colaboración colectiva de una serie de individualidades, con sus improntas, sus ideologías y sus miradas del mundo.

Ruiz plantea, también, la necesidad de “resetear” el periodismo, de modo de poder mirar hacia adelante con un espíritu de refundación, mientras la profesión y los medios están jaqueados por gigantes tecnológicos que se aprovechan de la información generada por las redacciones.

En este contexto, una de las cuestiones centrales para es volver al periodismo como tarea esencial realizada por periodistas y abandonar la condición de recolectores de viralidad en las redes, lo que provoca medios absolutamente redundantes.

Puestos a aceptar el desafío de Ruiz y analizar el presente y el futuro de esta profesión, digamos que hoy vivimos bajo una triple asechanza. 

1.- La del poder.Los intentos por socavar los valores de verdad de la prensa (léase en genérico) forman parte de las estrategias políticas aquí, allá y en todas partes. La creación de noticias falsas (fake news) no es otra cosa que instalar opciones “creibles” frente a la rigurosidad del periodismo bien hecho. 

2. La de los propios medios.Los intentos por poner en crisis a los medios también pueden encontrar un campo propicio en tanto las apuestas de las organizaciones periodísticas no estén asentadas en ofrecer valores diferenciales a la audiencia.

3. La de los mismos periodistas. Detengámonos para una autocrítica. 

Nuestra profesión no fue capaz de cambiar al ritmo al que cambiaron nuestros públicos. Aun cuando la tecnología mejoró la calidad de los productos, estos son basicamente los mismos desde la rutina como se construyen.

Cada día me pregunto si la gente quiere leer en los diarios las secciones Política, Economía, Sociedad, Policiales, Deportes, Espectáculos. O busca alternativas a ese orden que satisface al orden de los periodistas.

¿Un informativo radial cada media hora? ¿Y si estoy ocupado justo en ese momento y me pierdo el estado del tiempo? ¿Tres informativos por día en los canales de televisión? ¿Y algunos de ellos justo a la hora de Netflix?

No tengo las respuestas. Sólo sé que nunca jamás participé de un debate sobre esta temática. Lo cierto es que la experimentación nunca fue un valor aceptado.

Otra de las cuestiones tiene que ver con la formación continua. La salida de alguna facultad o escuela de periodismo y el ingreso a alguna redacción era interrpretado como el punto cúlmine de una carrera. ¿Aprender más? Innecesario.

¿Dialogar con las audiencias? No. Ellas tiene que escuchar lo que decimos. Y así, una negación que en muchas organizaciones se exteriorizó en una férrea resistencia las capacitaciones, entendidas siempre como perdida de tiempo.

El tercer pilar que nos convirtió en enemigos de nuestros propios medios es la incomprensión de los modelos de negocios y de cómo estaban cambiando.

Es verdad que durante muchos años, los resultados financieros de las organizaciones se mantenían bajo siete llaves, pero también es cierto que los periodistas siempre creyeron que la supervivencia económica del medios era responsabilidad de sus ejecutivos.

En verdad, ni una cosa ni la otra. Compartir los números (ahora en rojo furioso) hubiese contribuido a trazar mejores oportunidades de supervivencia. Sin èxito garantizado, pero al menos los intentos siempre valen.

En definitiva, podríamos sintetizarlo en cinco aspectos.

  • Estuvimos alejados de la capacitación continua.  
  • Estuvimos alejados de la sociedad. 
  • Estuvimos alejados de la profundidad. 
  • Estuvimos alejados del negocio. 
  • Y estuvimos alejados de un nuevo periodismo.

Estudiosos como Fernando Ruiz, escasos por desgracia, nos ayudan con libros como este a entender de dónde venimos, pero también a pensar hacia dónde vamos.

Ya lo dice el autor: Si queremos entender el cambio, hay que vernos desde la historia.

*Disponible en Rubén Libros

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Soy Julio Perotti. Te puedo ayudar en el cambio cultural y la convergencia de redacciones, a partir de una experiencia de 38 años en los medios.

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